El sudor es un fluido líquido producido por las glándulas sudoríparas localizadas en la piel. Estas glándulas se encuentran distribuidas por toda la superficie de la piel pero tienen una mayor concentración en algunas zonas como la cara, las axilas y las ingles donde, por consiguiente, la producción de sudor puede ser más abundante.

La principal función del sudor es regular la temperatura corporal ya que su evaporación refresca la superficie de la piel e indirectamente la sangre que circula por ella y se dirige al resto del cuerpo. El ejercicio, el calor ambiental y las situaciones estresantes son las principales causas de aumento de la sudoración. Se trata en definitiva de una respuesta ante el aumento de la temperatura corporal. Sudar es pues una reacción natural y beneficiosa, útil para bajar la temperatura de nuestro cuerpo.

La estrecha relación entre el sistema nervioso y las glándulas sudoríparas hace que el sudor también sea una de las respuestas emocionales más llamativas de los seres humanos. Es más, el fluido del sudor puede contener diferentes sustancias orgánicas producidas por el propio cuerpo que le confieren un olor característico propio de cada persona. Y en muchas ocasiones, los gérmenes que viven en las piel pueden transformar esas sustancias orgánicas en compuestos con un olor todavía más intenso y a menudo desagradable. La utilización de desodorantes y la higiene habitual sirven para combatir de esta manera los olores fuertes.

Existen varios problemas dermatológicos relacionados normalmente con el exceso de sudor (hiperhidrosis) o con su disminución o ausencia (hipohidrosis y anhidrosis). Las casas pueden ser variadas, generalmente en el caso de aumento debidas a una regulación anormal de las glándulas por el sistema nervioso autónomo o bien en el caso de disminución del sudor, por defectos genéticos en las glándulas sudoríparas.